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CORO DE LA COLEGIATA DE TORRIJOS 
El Coro ocupa dos tramos de la nave central. Está separado de las naves laterales mediante dos gruesos muros en cuyas caras exteriores se abren cuatro pequeñas capillas (dos en cada uno). A los pies el remate de dos impostas se realiza mediante una balaustrada en cuyo centro está situada una talla de madera de Jesús Resucitado. trascoro 
EL ÓRGANO DE LA COLEGIATA 

Una de las más valiosas joyas que atesora nuestra Iglesia Colegial del Santísimo Sacramento es, sin duda, el órgano ubicado sobre el lado derecho de la sillería del Coro. Su construcción fue terminada en 1703. En el secreto del órgano se puede leerse la siguiente inscripción: “Joseph Martínez Colmenero me fecit en Madrid año del Señor de 1703 siendo Capellán Mayor don Andrés de Molina se hizo este órgano”. Su constructor, uno de los más prestigiosos de su época, era organero del Arzobispado de Toledo y de su Catedral Primada.
El órgano de nuestra Colegial es uno de los ejemplos más notables de la organería barroca del siglo XVII. Es el más antiguo de la Diócesis y de toda Castillas-La Mancha.

organo
SILLERÍA DEL CORO 
sillería del coro
 Estilo Gótico
 Primer tercio del siglo XVI
Anónimo de la Escuela Castellana.
La sillería del Coro de la Colegiata se le atribuye al tallista Rodrigo Alemán y a Juan Millán, aunque se carece de fuentes documentales.
En los relieves del coro torrijeño predominan,

 generalmente, representaciones simbólicas y ornamentales que buscan una conceptualización de la temática religiosa, en detrimento de un realismo figurativo que hubiera exigido un mayor dominio en las técnicas del tallado.
Nos encontramos ante una obra considerada de interés, por su riqueza ornamental, realizada con materiales de primera calidad (madera de nogal), pero con grandes desigualdades en la calidad artística de los relieves.
La temática central del conjunto es la Pasión de Cristo, junto con la exaltación de la Eucaristía y el triunfo de la Iglesia. La sillería se organiza en dos pisos, siguiendo un esquema arquitectónico. La alta o del piso superior se halla recorrida en su totalidad por una sucesión de doseles góticos de crestería calada recorrido por un friso con expresiones latinas escritas con letras doradas de caracteres góticos. Es en la sillería alta donde se acentúan los elementos decorativos mediante la utilización de un repertorio iconográfico aparentemente repetitivo, pero en sus detalles se aprecia enorme variedad. El esquema compositivo de los 43 estalos de la sillería alta  se realiza a través de un escudo cobijado por arcos conopiales, de medio punto y mixtilíneos con diversas variantes, que encierran representaciones, simbólicas en su mayoría y escasas figurativas, de los episodios religiosos. Llaves alegóricas a la designación de San Pedro como cabeza de la Iglesia figuran en todos los estalos. Van unidas por cuerdas y se cruzan en aspa en los escudos. La decoración es predominantemente fitomorfa, más abundante en la sillería alta que en la baja.
Igualmente aparecen decorados brazos y misericordias. Los ángeles que sustenta el escudo de cada respaldo son diferentes en sus facciones, gestos y posición de alas. Casi siempre aparecen individualizados y en algunos casos emparejados.
En un estalo han sido sustituidos por un águila y en otro por decoración vegetal. El coronamiento de los doseles que recorren la sillería alta es típicamente gótico y se compone de pináculos, cruces y arcos entrelazados. Variedad de piñas, cruces y tréboles y fitomorfos penden de arcos rebajados; elementos, estos últimos, que se superponen a la tendencia gótica inicial
La abundante decoración tampoco escapa a la misericordia, concebidas en forma de trompas.
Los brazos de los asientos se apoyan en dos pasamanos: el superior trilobulado, empleado en posición de pie y simulando dicha postura, sentándose en las misericordias; y en el interior resuelto mediante disco decorado en  ambas caras con motivos alegóricos a la Pasión.
ESTATUAS YAVENTES
DON GUTIERRE DE CÁRDENAS Y DOÑA TERESA ENRÍQUEZ
estatuas yacentes
Ambas estatuas yacentes de alabastro formaban parte del rico mausoleo originariamente erigido en la Capilla Mayor de la iglesia del monasterio franciscano de Santa María de Jesús y que, conforme a las descripciones de los cronistas, el anónimo escultor recibió influencias de Doménico Fancelli y de su discípulo Bartolomé Ordóñez.
El paso de las huestes napoleónicas (julio de 1809), tras la batalla de Talavera causó la ruina irreparable del monasterio y el precioso mausoleo sufrió los efectos devastadores y vandálicos de las tropas invasoras. Todo ello unido a los procesos desamortizadores del siglo XIX y al abandono e incurría permanentes, condujeron a la venta del monasterio en diciembre de 1869 a un vecino de Torrijos y al inmediato derribo y venta, a los chamarileros de turno, de sus ricas pertenencias.
Sin embargo, la casa de Altamira, que ostentaba el patronato del monasterio, decidió con anterioridad a la citada venta, en el año 1856, el traslado de los vestigios del mausoleo de los “Señores de Torrijos” al hospital de la Santísima Trinidad (donde se halla la capilla  del Santísimo Cristo de la Sangre) y allí permanecieron las estatuas yacentes de don Gutierre y de doña Teresa, hasta que a comienzos de los años veinte del presente siglo don Liberio González Nombela, párroco de la iglesia colegial, hizo trasladar las estatuas a su actual ubicación en el centro del Coro.
Las imágenes de don Gutierre y de doña Teresa, ofrecen sobrados elementos para valorar la calidad artística de su fina talla. Han sido concebidas dentro de la estética renacentista dominante, lejos del dramatismo de la iconografía gótica, y destacando el nuevo concepto del triunfo de la fama sobre la muerte.
Don Gutierre aparece representado como guerrero, con cota de malla y arnés. Cubre su cabeza un birrete y su cuerpo viste el hábito de la Orden de Santiago, recorrido por el cordón franciscano. El rostro sereno sigue los rasgos transmitidos por el cronista de la época: de mediana estatura, gordo, pelirrojo... El “Señor de Torrijos” apoya su cabeza sobre dos ricos almohadones. El superior se cubre mediante un paño que lleva la cruz de Santiago a lo ancho de la almohada, decorada con finos motivos vegetales y borlas en las esquinas. Lleva una espada de la que falta parte de la hoja y el gavilán izquierdo de la empuñadura. El grueso pomo de la espada está decorado en su centro con una rosa. El caballero reposa sus pies sobre la espalda de un paje (al que le falta la cabeza) que sostiene entre sus manos un libro y se apoya sobre el yelmo del comendador mayor.
Doña Teresa Enríquez está efigiada yacente a la derecha de su esposo. Viste el hábito concepcionista y descansa su cabeza sobre un doble almohadillado de decoración semejante al de don Gutierre. Lleva en sus manos un largo rosario que finaliza en un borlón. Apoya sus pies sobre una figurita femenina a la que, igualmente, le falta la cabeza, aparece sedente y, tal vez, represente a una dama al servicio de doña Teresa. La pequeña figura abre un libro entre sus manos y apoya su codo izquierdo sobre un pequeño cojín de decoración  fitomorfa.
crucifijo reja coro
LA REJA DEL CORO

Se trata de una reja de igual estructura que la del presbiterio. Sin embargo, la base el dintel son de madera, conservando sus materiales primitivos. Está organizada en un solo cuerpo y tres calles. Las dos calles laterales son más anchas y sirven de marco a la entrada a la sillería del coro. Las barras de las puertas son de forma abalaustrada, alternando las realizadas con hierro con las de madera. En el dintel hay una inscripción dorada en caracteres latinos, ahora ilegibles.
El coronamiento sólo conserva en su zona central un crucifijo de fines del siglo XVI

Escultura de bulto redondo
representado a Cristo en la Cruz

Crucifijo que constituía con el desaparecido del trascoro, el del presbiterio y el del calvario del retablo mayor un conjunto en perfecto alineamiento.
Jesús aparece muerto, con la cabeza inclinada sobre el hombro derecho. Carece de corona de espinas.

La figura es de canon alargado, Los brazos se tienden formando un triángulo isósceles, lejos de la horizontalidad romántica y gótica. La anatomía poco marcada y el rostro de Cristo es de suaves y hermosas facciones sin atisbo de patetismo. Los cabellos, largos y ondulados, caen sobre la espalda del Salvador, formando surcos paralelos.
 
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